CUANDO  YO SEA VIEJO

Cuando yo sea viejo y el pelo blanco
hunda sus raíces con saña en mi cerebro
y la sangre fluya sin fuerza por mis venas,
leeré este libro con ojos de jardín verde
e iris de flor dulce y lentamente
amaré cada palabra con mi boca,
morderé las letras suavemente,
una a una, antes de sentir
la bofetada negra de la noche
abrazándome el cuerpo,
vistiendo mi esqueleto
con un frac absurdo de tinieblas
en el burdo y secreto ritual de la muerte.

Acariciaré sin miedo las sílabas
y éstas rodarán a un cielo de ternuras infinitas
y darán la vuelta entera a la tierra
como si fueran mágicas peonzas de sueños
galopando en medio de una muchedumbre de estrellas.

Cuando yo sea viejo y gris como mi pelo,
y en los párpados sólo sobrevivan
unas ganas tremendas de dormir,
encenderé la lámpara de mis ojos,
una vez más,
y contemplaré con ellos
las rendijas tristes
por las que hoy, sin tregua,
se escapan los latidos del destino.
 
Hacia dentro o hacia fuera,
la palabras son flores de primavera
que abre la fantasía del poeta,
montañas que bailan en el centro
de un gran círculo de fuego,
abanicos que vuelan como sonrisas
de gaviota insomne al amanecer.

Y entonces huirán las piedras de la tumba
y las mariposas nocturnas vestidas con túnicas de limón
esconderán su rostro de terciopelo nuevo
entre amperios de ternura y ventiladores ciegos
para dejar que en el poema la palabra se vuelva universal.

©Fernando Luis Pérez Poza