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La Coctelera

Obra literaria de Fernando Luis Pérez Poza

Poemas, relatos y artículos de Fernando Luis Pérez Poza

21 Marzo 2009

Cuando yo sea viejo

 

CUANDO  YO SEA VIEJO

Cuando yo sea viejo y el pelo blanco
hunda sus raíces con saña en mi cerebro
y la sangre fluya sin fuerza por mis venas,
leeré este libro con ojos de jardín verde
e iris de flor dulce y lentamente
amaré cada palabra con mi boca,
morderé las letras suavemente,
una a una, antes de sentir
la bofetada negra de la noche
abrazándome el cuerpo,
vistiendo mi esqueleto
con un frac absurdo de tinieblas
en el burdo y secreto ritual de la muerte.

Acariciaré sin miedo las sílabas
y éstas rodarán a un cielo de ternuras infinitas
y darán la vuelta entera a la tierra
como si fueran mágicas peonzas de sueños
galopando en medio de una muchedumbre de estrellas.

Cuando yo sea viejo y gris como mi pelo,
y en los párpados sólo sobrevivan
unas ganas tremendas de dormir,
encenderé la lámpara de mis ojos,
una vez más,
y contemplaré con ellos
las rendijas tristes
por las que hoy, sin tregua,
se escapan los latidos del destino.
 
Hacia dentro o hacia fuera,
la palabras son flores de primavera
que abre la fantasía del poeta,
montañas que bailan en el centro
de un gran círculo de fuego,
abanicos que vuelan como sonrisas
de gaviota insomne al amanecer.

Y entonces huirán las piedras de la tumba
y las mariposas nocturnas vestidas con túnicas de limón
esconderán su rostro de terciopelo nuevo
entre amperios de ternura y ventiladores ciegos
para dejar que en el poema la palabra se vuelva universal.

©Fernando Luis Pérez Poza

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Obra literaria de Fernando Luis Pérez Poza

Pontevedra, España
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¿Quién soy? ¿Por qué escribo poesía? ¿Qué busco? Son todas preguntas de muy difícil respuesta. Un día una amiga sicóloga me dijo: Si no fueras persona, ¿qué te gustaría ser? Y yo respondí: Gaviota. ¿Y si no fueras gaviota? Aire, mar, cielo, respondí de nuevo. Y casi sin analizarlo, concluyó: ¿Sabes lo que eres tú? Pues un soñador. Ahora pienso que tenía toda la razón. De lo cual me alegro porque me gusta ser así, un piscis recalcitrante con una malformación congénita incurable: llevar el corazón instalado en el cerebro y unas alas en la imaginación que me hacen volar más allá de muchos horizontes. Nací un veinticinco de febrero de mil novecientos cincuenta y ocho, en la ciudad gallega y española de Pontevedra. Desde que tuve uso de razón me contaron que en mi familia hubo un gran poeta vanguardista, Manoel-Antonio, que mi abuelo era nacionalista gallego e íntimo amigo de Castelao, y que éramos de izquierdas. Tres circunstancias que han influido de una manera extraordinaria en mí. A los doce años decidí hacerme seminarista para salvar al mundo de morir en pecado. La idea era convertirme en misionero y ser destinado a Nueva Zelanda como tal, pero pronto me di cuenta de que las religiones no sirven nada más que para engendrar odio y guerras, lo que permitió que tanto los papúes como yo nos salváramos de esa fiebre evangelizadora y adolescente. Después mi vida ha transcurrido por muy distintos, variados y variopintos derroteros. En algunos momentos he ocupado puestos de nombres muy rimbombantes, me he relacionado con personas que ahora son o han sido presidentes de gobierno, ministros, secretarios de estado, y un largo etcétera de personajes cuyo contacto me ha servido más que nada para conocer de cerca la esencia más pura de la estupidez humana. Ahora compagino algunas actividades relacionadas con los movimientos sociales y esta pasión por la literatura, en especial por la poesía, que junto con mi hija María, de diez años, son los ingredientes principales que me motivan para seguir adelante. Soy también editor de libros de poesía y he publicado en papel ya más de 140 libros de autores de todo el mundo. Mi página es www.eltallerdelpoeta.com. Podría pasarme horas hablándoles de mí, de cuando viví en Sevilla y por las noches buscaba ovnis por los campos del Puerto de Santa María. O cuando di la vuelta a Francia en autostop con mil doscientas pesetas y al regreso me sobraron ciento sesenta, dinero que gasté en Oviedo invitando a unos franceses a unas botellas de sidra, hace ya veintitantos años. También podría decirles que he cambiado el nacionalismo de mis antepasados por un internacionalismo galopante, aunque desde el más profundo respeto a la diversidad cultural. Pero no llegarían a conocerme tanto como si intentan acercarse a mi alma a través de la lectura de mi poesía.

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