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Terra
La Coctelera

Todo, todo me parece plástico

 

TODO, TODO ME PARECE PLÁSTICO

Todo, todo me parece plástico,
el absurdo confeti de una nada
que estruja en los dedos la idea
y ahoga la tinta en palabras
y en hielos de numen solitario.

Ayer se escribe con letras que duelen.
Una "a" estúpida que recuerda el antes.
Una "y griega" tonta que rememora el cáliz
y se bebe el poco tiempo que nos queda.

Una "e" que espanta y es espasmo
escondido en esa especie de efigie ebria
que exuda extrínsecos extravíos.

¿Y qué decir de la "erre"?
Esa rémora que rueda
y recuerda a un rabo de rábano retorcido.

Todo, todo me parece plástico,
hasta el azúcar que sorbe
el intestino del agua
y atraviesa el éter de una tarde homicida.

Hoy se escribe con hache de humo
y de heno y de hueco muy hondo
y de hilos que hunden al hombre
en humedades de herrumbre heterodoxa.
 
Todo, todo me parece plástico,
hasta los besos blandos de tu boca barata
y buhardilla borracha que buscan barrancos.

©Fernando Luis Pérez Poza

Me declaro no humano

 

ME DECLARO NO HUMANO

Con motivo de la masacre de Osetia

Me declaro no humano,
que no es lo mismo que inhumano.
No quiero pertenecer a esta especie
que utiliza pizarras de luto
para enseñar en la escuela
lo que es la muerte,
la matemática absurda del dolor
a base de contar cadáveres,
la geometría estúpida de la línea recta
que traza una bala
para encontrar el cuerpo
inocente de un alumno.

Me declaro no humano,
o lo que es lo mismo,
animal
que siente y que sueña,
que ama y que sufre,
que escribe y que piensa
pero no asesina en masa
a cientos o miles de sus semejantes.
 
Me declaro no humano
porque estoy harto de presidentes
y terroristas locos
que sólo piensan en ellos mismos
y atan ruedas de molino
al cuello del ciudadano
o convierten los pupitres
en mudos ataúdes de silencio.

Y ahora que no soy hombre,
desde la tristeza rotunda de la náusea,
desde el horror sincero de la angustia,
desde el dolor de un niño que no vive
intento remontar el río amargo
donde cada día
se ahoga la conciencia.

©Fernando Luis Pérez Poza

Cuando la lluvia...

 

CUANDO LA LLUVIA...

Cuando la lluvia afila la tristeza
y un aluvión de penas ahoga el alma
y en los relojes laten
racimos turbios de tic-tacs
párate a pensar un momento
y respira hondo
la humedad del aire
y siente
y vive
y sueña
y juega con los ecos de luz gris
que cuelgan de la ventana
como si fueran hilos
de una mágica cometa
y déjate arrastrar por el viento
y espera a que te alcancen
esos lentos caracoles de sombras que te persiguen
para pisarlos
o simplemente decirles adiós
cuando se marchen
con su sórdida música a otra parte.

©Fernando Luis Pérez Poza

El escorpión acecha la presa

 

EL ESCORPIÓN ACECHA LA PRESA

A mi amigo el poeta Jorge Cuña Casasbellas

El escorpión acecha a la presa,
sueña sin bordes el alma del poeta,
afila el aguijón negro de la noche
para abrazar el último verso.

¿De qué muro colgará su sombra?
¿En qué sótano helado parirá
la risa inmutable de su aliento?
¿En qué lago sin memoria
                                        ahogará
el vértigo profundo de su cloaca negra?

La puerta está abierta,
esa extraña puerta
por la que nunca se sale
y siempre se entra,
la prisión eterna
que borra los castillos de arena
y llena el túnel de trenes sin ruta.

©Fernando Luis Pérez Poza

Hoy el aire está triste

 

HOY EL AIRE ESTÁ TRISTE

Escucha.
Hoy el aire está triste.
La tarde es un embudo derrotado,
un violín húmedo que raspa el nervio,
la dentadura ebria de una molécula.
Escucha
como resbala el viento en cada nota
y el humo estira su camisón blanco.

Te amé,
pero se confundió la risa de estrella,
parpadeaba el cielo
y el agujero negro del tiempo
nos comió el corazón.

Se deslizó el agua río abajo,
entre rápidos y cataratas,
entre líquenes amargos
y paisajes desahuciados,
entre mortajas inútiles
y mármoles estallados.

Necesitaba el mar para abrazarlo,
su salada silueta azul,
su voz preñada de sirenas
y espirales de espuma blanca.
 
Necesitaba el viento para volar,
para volar entre sus brazos
y dejar atrás la soledad del átomo,
pero el mundo era un lago seco
donde se asfixiaban los peces.

Y ahora, en esta hora
en la que el desierto avanza
y de las rosas ya no quedan ni espinas,
solo sé que te amé
aunque nunca llegara
a saber tu verdadero nombre.

©Fernando Luis Pérez Poza

Reza

 

REZA

Reza,
aunque el cielo se te desplome encima,
reza,
abre tu voz al infinito
y llora con el hueco de los ojos
el mordisco fallecido de la sombra.
¿Por qué esperas
 a que el rayo te ciegue si ya no ves?
¿Qué vientre parirá el futuro en tu esqueleto?
¿Esperarás acaso
a que se pudra el universo?

Se llenará de máscaras vacías la noche
y el tuétano estará tan lejos de todo,
atrapado en los dientes del gusano,
que hasta beberá con sed de una cloaca.

Es la desnudez del mármol que estrangula,
el dragón de fuego helado que te engulle,
el calendario eterno del olvido
el que conquistará tu cráneo
y reinará en el trono de lo oscuro.
 
Pero tú no debes preocuparte,
reza,
cuando la negra soledad desate el nudo,
reza,
cuando te abrace el corazón fresco de la tierra,
reza,
cuando un techo de hierba desahuciada te tapie la boca
reza
para que todo se termine por y para siempre,
amén, Jesús.

©Fernando Luis Pérez Poza

Hoy el dolor sabe a andén

 

HOY EL DOLOR SABE A ANDÉN

A las víctimas y familiares con motivo
del terrible atentado del 11-M en Madrid

Hoy el dolor sabe a andén,
a vía muerta, a tren sin carril,
a corazón hueco de asesino
y bomba desahuciada.

Hoy la vida huele a nudos,
a nudos de sangre coagulada
y mar batido de angustia,
a estampida de miedo.

La muerte camina en espiral,
es soledad espesa atrapada
en un lento amasijo de hierros,
es una pócima fatal, un largo otoño
que revienta el aire
y gira en remolinos ciegos.

¿En qué estación
se bajó la conciencia?
¿De qué almanaque
robó su tiempo el asesino?
¿Qué tren será capaz
de atropellar a la muerte?
 
Duele, el dolor, duele,
saca punta a la médula
y rebaña la cal del hueso.
Duele, el dolor, duele
a laberinto de círculos
y profunda tiniebla.

©Fernando Luis Pérez Poza

A veces, en un minuto

 

A VECES, EN UN MINUTO

A veces, en un minuto,
hay años escondidos,
insomnios que duermen hasta el amanecer,
rendijas abiertas de ternura
o legiones ciegas de espejismos
que hechizan la sístole y diástole del tiempo
y llenan la aorta de lunas desbocadas
y la revientan al decir sí.

Entonces el futuro sueña que existe
y una ola misteriosa de mercurio mágico
resume el aire y entona
el fado errante de la felicidad.

Y yo quisiera
detener ese minuto para siempre,
olvidar el leproso malecón de la vida
que prostituye el eco
y salvar a las sirenas que se ahogan
por no saber nadar al revés.

En mi memoria
aún se bañan desnudas las ninfas
y el cofre del tesoro
se nutre de mariposas que un pirata
dejó olvidadas en  la crin del éter.
 
Y cabalgo aferrado
a tus emociones y sentimientos
como un látigo de luz que estalla.

Y lavo el silencio
en vómito invisible
que sólo entiende
la soledad cuando te llama a gritos
aún sabiendo que tú no estás.

Aquí,
anclado en esta eterna madrugada,
encadenado a la verdad,
atrapado en una tuerca sin vuelta
que cada día aprieta más,
sé que un minuto,
a veces,
encierra años enteros
en una cárcel de hielo transparente
y los condena a cadena perpetua
si tú eres sólo un sueño
que olvidó despertar.

©Fernando Luis Pérez Poza